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Desde las civilizaciones más antiguas, las estrellas se han considerado agrupadas en constelaciones, cada una con un nombre especial. El sistema moderno de nomenclatura, asigna a cada estrella, una letra del alfabeto griego, empezando por la más brillante y continuando por orden de magnitud y a la letra griega, se le agrega el nombre latino de la constelación. Casi todas las estrellas principales tienen además nombres propios desde la antigüedad.

En la actualidad se sabe que todas las estrellas de una constelación, no presentan de modo necesario una relación física unas con otras. Algunas estrellas de una constelación, pueden estar relativamente próximas a la Tierra, en tanto que otras pueden estar relativamente alejadas. Todo lo que se sabe es que las estrellas de cada constelación, están aproximadamente en la misma dirección vistas desde la Tierra.

No conocemos con exactitud, cuando y donde fue concebido el primer sistema de constelaciones. Textos procedentes de la civilización del valle del Eúfrates sugieren que el león, el toro y el escorpión, estaban ya asociados a constelaciones en el año 4.000 antes de Cristo. Muchos estudiosos se han visto intrigados, por el hecho de que exista cierta semejanza entre los nombres otorgados a las constelaciones por civilizaciones separadas grandes distancias en el tiempo.

De las 88 constelaciones que figuran en la lista de la Unión Astronómica Internacional (UAI), en la publicación definitiva editada en 1930, más de la mitad eran conocidas por los antiguos. Así pues la Unión Astronómica Internacional, fijó en el año 1927 los límites de las 88 constelaciones, perfectamente catalogadas y definidas por trazos desiguales, formando como una especie de gigantesco empedrado del cielo. Estos datos se publicaron por la Universidad de Cambridge en el año 1930 bajo el título: Delimitation Scientifique des constellationes (Tables y Cartes). Esta obra fue realizada por el astrónomo del Observatorio Real de Bélgica E. Delporte.

Menciones de las constelaciones griegas se encuentran en la poesía de Homero que data aproximadamente del siglo IX antes de Cristo y de Aratus, aproximadamente del siglo III a. de Cristo. En algún momento del lapso de tiempo comprendido entre la vida de los dos poetas, probablemente a mediados o finales del siglo V (a. de Cristo), las constelaciones de la Eclíptica (el camino que el Sol sigue aparentemente a través de la esfera celeste en el curso de un año) fueron identificadas en Babilonia y quizá también en Grecia.

Los babilonios dividieron la Eclíptica en las 12 partes del Zodíaco. Durante el siglo II de nuestra era, el astrónomo egipcio Tolomeo catalogó información sobre 1022 estrellas, agrupadas en 48 constelaciones. No constituye sorpresa alguna que el catálogo de Tolomeo, incluya sólo estrellas visibles desde las latitudes de Alejandría, donde vivió y escribió este científico.

El Almagesto, la obra principal de Tolomeo, constituyó la última palabra sobre las constelaciones, hasta el siglo XVI, en que los viajes europeos de descubrimientos, posibilitaron que los navegantes llegaran hasta latitudes más meridionales que las nuestras. El primer atlas de estrellas, publicado por Johann Bayer en 1603, incluía 12 constelaciones nuevas, visibles desde el hemisferio sur. En 1624 el astrónomo alemán Jakob Bartsch, añadió tres constelaciones nuevas a los espacios existentes entre las constelaciones nombradas con anterioridad. Barsch definió asimismo como constelación separada, la agrupación que conocemos por Crux, La Cruz del Sur, cuyas estrellas principales habían sido incluidas por Tolomeo en la constelación del Centauro. (El nombre de Crux revela asimismo un intento de quitar al firmamento el carácter pagano típico de este período). A finales del siglo XVI, Tycho Brahe (1546-1601), elevó a la categoría de constelación, el asterismo Coma Berenices (Cabellera de Berenice), que para los antiguos formaba parte de Leo y Virgo.

Siete constelaciones, más visibles desde las latitudes septentrionales medias, fueron descritas por el astrónomo alemán Johannes Hevelius en 1687. La visita de Nicolás Louis de la Caille al Cabo de Buena Esperanza en 1750, dio por resultado el descubrimiento de 14 constelaciones adicionales. Desde este tiempo, se ha intentado en varias ocasiones crear nuevas constelaciones, pero estas no han gozado de aceptación oficial. No obstante, desde mediados de la primera década del siglo XIX, se sustituyó la constelación mayor de Tolomeo, Argo Navis por tres constelaciones que representan, la quilla de la nave (Carina), la popa (Puppis) y las velas (Vela), además de la brújula (Pyxis) inventada por la Caille. Unas pocas estrellas que inicialmente se pensó formaban parte de otra constelación acabaron en una nueva: por ejemplo, una de las cuatro estrellas del cuadrado de Pegaso, pertenece ahora de modo oficial a Andrómeda. Pero en conjunto, la división de la UAI, aportó una gran simplificación.

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